La nave

La Nave es un proyecto de creación colectiva donde la performance, la escenografía, el diseño de vestuario y la construcción-deconstrucción de contexto convergen para la creación de una nave tan grande como el espacio donde se ubica; una nave tan grande que no podrá despegar, planteando así el reto de permanecer e imaginar un mundo que sólo existirá en un lugar durante un tiempo determinado. La construiremos juntas, decidiremos cómo compartir los espacios, su aspecto y uso; construiremos una nave en la que probar formas otras de habitar.

La Nave es una propuesta experimental en la que los haceres del arte giran en torno a las nociones de performatividad, deformación, distorsión, explosión y desborde. La Nave funcionará a modo de espacio de pruebas en el que experimentar con la plasticidad y la capacidad de mutación de los cuerpos, los espacios y el movimiento desde la puesta en duda de lo sabido, lo conocido o lo usual.

Este mensaje está dirigido a Humano del planeta Tierra, comuníquese al resto de sus semejantes:

Dejamos constancia de la invasión secreta que ha tenido lugar en vuestro mundo a lo largo de 3 meses, 10 días, 900 minutos.

Venimos de Tchu-Tche, un planeta lejano a la tierra.

Nos identificamos como Descendientes. Cada una de nosotras responde a un número: Descendiente 2847, Descendiente 4, Descendiente 394…

Venimos a la Tierra con la intención de descansar de nuestro largo viaje dirección a Saturno, nuestro destino final. En el transcurso de este viaje hemos visitado el resto de los 51 planetas que existen en el Universo.

La razón por la que vamos a Saturno no la podemos desvelar.

Nuestro dispositivo de invasión se ha situado en la calle San Francisco Nº11, en una ciudad llamada Bilbao. Hemos establecido esta base en un espacio oscuro y recóndito, y lo hemos construido con materiales ligeros, brillantes y luminosos de invisibilidad. A este dispositivo de invasión lo hemos llamado La Nave.

La Nave se autodestruirá en el momento en el que abandonemos la Tierra para continuar con nuestro viaje.

Nuestra piel es de oro. Nuestro cuerpo se esconde bajo esta piel. Es una piel muy distinta a la de Humano: nos permite ver de dentro hacia fuera, pero permanecemos invisibles para quien nos busca.

También tenemos la capacidad de abandonar nuestra piel y meternos dentro de la piel de nuestras semejantes, fusionándonos así en un único cuerpo. La fusión puede realizarse entre dos y doce Descendientes. De esta manera nos convertimos en seres más grandes, más fuertes. Pero no solo lo hacemos con intención de fortalecernos, también nos fusionamos cuando queremos saludarnos y pasar un tiempo en compañía.

Hemos creado dos formas de comunicación: un lenguaje de signos específico para comunicar deseos; y unos sonidos que sólo son perceptibles gracias a un instrumento tubular inventado por las Descendientes. Este instrumento nos permite escuchar con precisión los sonidos más leves estando cerca o a mundos de distancia de su procedencia. De esta manera nos comunicamos con las Descendientes que permanecen en Tchu-Tche.

Nos alimentamos de una sustancia multicolor y de insectos de Tchu-Tche.

Nos movemos al ritmo de un sonido muy especifico que produce nuestro cuerpo. Gracias a él adquirimos la energía que necesitamos para poner en marcha el movimiento. Este sonido forma una compleja melodía que nos acompaña constantemente. Pero Humanos no tienen la capacidad de apreciarla. Para oído Humano, muy poco desarrollado, este sonido se traduce como una repetición de la letra E de su vocabulario. (ej: E! E! E! E! E! etc.)

Una de las grandes diferencias con respecto a Humanos es que pese a nuestro avanzado desarrollo, el cual nos permite realizar viajes intergalácticos, no contamos con la capacidad de tocar los mundos que visitamos. Es por eso que jamás hemos pisado el suelo de ningún planeta. Andamos y nos movemos sobre él, pero siempre elevados a una distancia prudente de 928374 lilderils, lo que equivale a un cm Humano.

Dicho esto, nos despedimos. Parte de nosotras permanecerá en la tierra para la historia, crearán teorías, pero Humanos nunca jamás entenderán nada.

Adiós, las Descendientes de Tchu-Tche.

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