Andrea Momoitio

Periodista. En la coordinación de Pikara Magazine. Adicta a los macarrones con tomate. Extímida, irreverente y melómana. Lesbiana y feminista, en ese orden.

  • Licenciatura en Periodismo
  • Máster en Estudios Feministas y de género
  • Máster en Periodismo Digital

Todo, financiado generosamente por Esther y Pablo, mis maravillosos padres.

Escribo o he escrito para Pikara Magazine, Diagonal, El Salto, eldiario.es, ctxt.es, Público, Pueblos, Viento Sur, La Espiral, Altair Magazine o Cáscara Amarga, entre otros medios de gente maja. Me suelen llamar de Hala Bedi Irratia y de Radio Euskadi.

Llevo impartiendo conferencias, talleres y charlas en todo el Estado español desde 2013 sobre género, comunicación, periodismo feminista y redes sociales, principalmente.

Recuerdo con especial cariño mi trabajo con periodistas saharauis en los campamentos de personas refugiadas.

Cuatro calles inabarcables


Gau irekia hace, desde luego, honor a su nombre. No me refiero a que durante unas horas se abra el cielo plomizo de Bilbao sino a que las opciones son infinitas en el barrio durante este noche llena de distintas aperturas. Las alternativas son tantas que resulta imposible estar en todas, respetar tus propios planes o llegar a tiempo a ninguna de tus citas. En mi caso, tuve la osadía de asegurar en un vídeo que haría infinidad de cosas a lo largo de la jornada. Es más, llegué a decir que mi primera parada sería el rastro, que luego pasaría por Pikara para prepararlo todo para el taller que organizábamos nosotras, que comería puré de guisantes después, que haría blablablablabla. En fin. No sucedió prácticamente nada de eso. Llegamos corriendo a Pikara para poder acondicionar el espacio para el taller de serigrafía que habíamos preparado con las compañeras de Bloke Papelero Transhumante, una proyecto que se gesta en San Cristóbal de las Cosas. Ni más ni menos: Chiapas. El taller fue tan exitoso que, incluso, salimos en El Correo, este fenómeno mediático bilbaíno: “Uno de los talleres más esperados fue el de serigrafía impartido por las mejicanas Colectiva Bloke Papelero Trashumante, en la redacción de’Pikara Magazine”, escribió un misterioso periodista que debió andar por la redacción sin presentarse ante sus anfitrionas. Nuestro plan era tomar algo rápido antes de comer puré de guisantes para ir corriendo a hacer la ‘Ruta haciendo la calle’, que organizaba Urban bat. Nada más lejos de la realidad porque a las cinco de la tarde aún no habíamos acabado de comer. Luego, claro, viene la modorra y tuvimos que ir al Urquiola, a comprobar que la contractura de Ana había mejorado y que su licor café estaba listo para servirse. Entre una cosa y otra, ¡joder, que empieza el antitour!

 

Y otra vez a corriendo a Pikara. Antitour, dicen sus impulsoras,  “es un viaje de retazos de memoria,contados en primera persona, parten de dos fuentes: la memoria personal de los habitantes del barrio que quieran participar en el proyecto y la memoria colectiva”. La ruta estaba dividida en distintas paradas, y una de ellas era la redacción de nuestra revista. Ahí, sentada ante mi ordenador, yo esperaba a que llegasen los visitantes. Fueron tres tandas, de 15 personas cada una. Ellas llegaban por la calle Hernani, en silencio, portando pancartas en blanco. Giraban en la calle Lamana y ahí se encontraban conmigo, que estaba escribiendo en mi ordenador mientras me bebía una cervecita. Olatz, Marta y Teresa, las impulsoras de la iniciativa, quisieron contar conmigo para que hablase de María Isabel Gutiérrez Velasco. A María Isabel la llamaban Maribel en su casa. Era prostituta y estaba loca. Debió robar algo en alguna tienda y, por eso, fue detenida. Una vez en dependencias policiales descubrieron que tenía un expediente anterior de algún juzgado de Rehabilitación y Peligrosidad social e ingresó por ello en prisión. Unos días después su cadáver aparecía calcinado. Sus compañeras de profesión nunca se creyeron la versión oficial, no les encajaba que Maribel se quisiera suicidir, y convocaron la única huelga de prostitutas de la que se tiene constancia. Llevo un par de años documentando su historia y contandola siempre que tengo ocasión. Si todo va bien, quizá dentro de un par de Gauas Irekias pueda presentar mi libro. Para mí hablar de María Isabel siempre es un honor indescriptible. Poco más puedo decir yo del antitour, que me lo perdí esperando a que llegase a mí, pero puedo reconocer las caras de satisfacción que traían todas las personas que participaron en cada una de las rutas. Una de las participantes fue mi amiga Flor. Ella dice que fue una experiencia preciosa y yo de poca gente me fío tanto como de ella.

 

A partir de ahí sí pude hacer lo que tenía previsto. Deambular por el calle. Primera parada, un bar que nunca sé cómo se llamaba, más o menos en la esquina entre la calle Hernani y San Francisco, para echar unos berridos en el karaoke. No faltó ni uno de los temazos propios de eventos de este estilo ni las risas naturales ante tanto despropósito artístico. Luego, el cuerpo nos pedía plaza. Saludar a las vecinas, hacer gasto en los bares, echar cuatro bailes, comentar el día, lamentar que, un año más, no ha dado tiempo a nada, que son demasiadas cosas y muy poco tiempo. Pero, claro, es que el barrio es así: inabarcable.

 

Andrea Momoitio (@andreamomoitio),
periodista en la coordinación de Pikara Magazine